sweet imagine

Un espacio para adultos

Este sitio contiene material sensual destinado únicamente a mayores de 18 años. Las imágenes están generadas con inteligencia artificial y los relatos son ficción escrita por el autor. Para continuar, confirma tu edad y tu consentimiento.

Imágenes generadas con IA · Relatos de ficción escritos por el autor · Verificación básica de edad · Tu elección se recuerda en este navegador.

Relato 01

El alfiler

Un sábado de junio 28 fotos 11 vídeos

Esta tarde, después de estudiar un rato, bajé a la piscina como cualquier otro día de verano.

Hoy bajé a la piscina después de estudiar un rato. Hacía calor y sabía que Raúl ya estaría allí, como casi todos los fines de semana. Mi primo de diecinueve años, alto y delgadísimo, al que en casa llamamos “el alfiler” desde que éramos pequeños. Yo sabía perfectamente por qué le decían así… y también sabía que su polla medía dieciséis centímetros normales, pero era tan fina que casi parecía una moneda de cinco céntimos. Por eso, cada vez que le llamaba “alfiler” lo decía con doble sentido y con una sonrisita de superioridad que él odiaba… y que a mí me gustaba demasiado. Me gustaba provocarlo un poco, me excitaba verle mirar cuando lo hacía.

Me puse el bikini rosa que me gustaba, me eché una camiseta ancha por encima y bajé con total normalidad. No pensaba que fuera a pasar nada. Cuando llegué ya lo vi en el agua. Me acerqué hasta la zona de césped que había al lado de la piscina, extendí la toalla grande de rayas directamente en el suelo y me tumbé boca arriba. Saqué la crema solar y empecé a aplicármela con calma. Primero las piernas, luego los muslos, después los brazos y el escote. Me giré de lado para echarme crema en la cadera y en la parte de fuera del culo, levantando ligeramente una pierna. Noté que Raúl me miraba desde el agua.

Me gustó que mirara, me siento deseada y noto que cuido mi cuerpo, así que me tomé mi tiempo.

Cuando terminé de ponerme la crema, me levanté para ajustarme mejor la toalla en el suelo. Me agaché de espaldas hacia la piscina, estirando la tela con las manos. Sabía que en esa posición el bikini me marcaba bastante el culo, y lo hice un poco a propósito. Me gustaba provocarlo un poco. Mientras lo hacía, noté que Raúl se había acercado nadando hasta el borde.

Me metí en el agua y jugamos un rato. Nos salpicamos, nos reímos, nos tocamos las piernas por debajo del agua, pero sin pasar de ahí. Era el juego de siempre entre primos. En un momento me subí al flamenco gigante rosa que había en la piscina y me tumbé a tomar el sol, con la gorra negra puesta y los ojos medio cerrados. El flotador se balanceaba suavemente sobre el agua.

Raúl se acercó nadando y empezó a mover el flotador, intentando tirarme al agua. Yo, muy creída, le solté con retintín:

— A ver si va a ser la primera vez que consigues mojar a una mujer, alfiler.

Él siguió empujando el flotador, sonriendo.

— Hay más maneras de mojar a una mujer, prima… y yo conozco las mejores.

Yo, sintiéndome muy superior, seguí retándolo:

— ¿Cuáles, alfiler? Cuéntame.

De repente, sin que me lo esperara en absoluto, noté cómo sus dedos tiraban del cordón de la parte de abajo del bikini. En un segundo me lo desató y me lo quitó del todo. Me quedé completamente desnuda de cintura para abajo, tumbada en medio de la piscina, a plena luz del día, encima del flamenco gigante rosa, con las piernas abiertas, solo con la parte de arriba del bikini y la gorra negra. Mi coño rosita, recién depilado, quedó totalmente a la vista.

El tiempo se detuvo para mí.

Vi cómo Raúl se colocaba entre mis piernas, todavía dentro del agua, y empezaba a besarme por dentro de los muslos. Mis padres estaban dentro de la casa. Podían salir en cualquier momento. La situación era completamente loca. Yo debía parar aquello. Pero cuando abrí la boca para decir algo, el puto alfiler metió la lengua directamente en mi coño.

Un cortocircuito total.

Empecé a repetir en voz baja, casi sin poder controlarme:

— No… joder, no… el puto alfiler… no… mis padres… para…

Él levantó la vista un segundo, con la boca brillante de mí.

— ¿Quieres que pare?

Yo negué con la cabeza, casi suplicando, mientras rezaba por dentro para que nadie saliera de la casa:

— No… por favor… no pares… acaba rápido… por favor…

Y entonces se entregó de verdad.

Su lengua era increíble. Lenta y profunda al principio, lamiendo todo mi coño rosita recién depilado como si estuviera saboreando algo que llevaba mucho tiempo deseando.

El flamenco se movía ligeramente con cada movimiento de su cabeza, haciendo pequeñas olas que me mecían. Luego subió y succionó mi clítoris con una precisión que me hacía arquear la espalda. Me lamía de arriba abajo, metía la lengua dentro de mí, volvía a mi clítoris y lo chupaba con suavidad pero con insistencia.

De repente noté cómo uno de sus dedos se deslizaba dentro de mí. Empezó a moverlo con ritmo, curvándolo hacia arriba, tocando las paredes de mi coño hasta que encontró ese punto que me hizo soltar un gemido más fuerte de lo que quería. Empezó a moverlo mientras seguía lamiéndome el clítoris. Cada vez que presionaba ese punto sentía una descarga que me subía por la columna. El flotador se movía más, el agua chapoteaba y yo ya no podía controlarme. Mis padres estaban dentro de la casa. Podían salir en cualquier momento. Y ahí estaba yo, en mitad de la piscina, intentando mantener el equilibrio encima de un flamenco gigante, con las piernas abiertas, dejándome comer el coño por mi primo.

Empecé a notar cómo me iba perdiendo. Intentaba cerrar las piernas, pero él me las abría con las manos y seguía lamiéndome y tocándome por dentro. Cada vez que su dedo rozaba mi punto G y su lengua succionaba mi clítoris al mismo tiempo, sentía que me iba a correr de verdad. Gemía bajito, casi llorando de placer y nervios, repitiendo una y otra vez:

— No… el puto alfiler… no pares… joder, no pares…

Cuando empecé a correrme fue distinto. Un calor intenso que subió muy rápido y de repente noté cómo un chorro caliente y abundante me salía directamente a su boca. Mi primer squirt. Me corrí con fuerza, temblando entera encima del flamenco, mientras él seguía lamiéndome y bebiéndoselo todo sin apartarse ni un segundo. Yo tenía la cabeza echada hacia atrás, la boca abierta, repitiendo su nombre entre gemidos ahogados:

— Alfiler… joder… alfiler…

Cuando por fin levantó la cabeza, me miró con una sonrisa satisfecha y los labios brillantes.

— Te lo dije.

Bajé del flotador todavía temblando y lo perseguí hasta la pared de la piscina, sin bragas, solo con la parte de arriba del bikini y la gorra negra. El agua me cubría hasta la cintura. Vi que estaba empalmado dentro del bañador. Su polla marcaba el tejido exactamente como recordaba: normal de larga, pero ridículamente fina.

Me acerqué a él, le bajé el bañador y saqué su polla. Era exactamente como recordaba: de longitud normal, pero ridículamente fina, casi como una moneda de cinco céntimos. Empecé a masturbársela con la mano, despacio al principio.

— Me has sorprendido —le susurré cerca de la oreja—. Pero voy a agradecértelo. 

Él intentó poner las manos en mi culo. Se las aparté suavemente.

— Alfiler, ya has tocado bastante.

Seguí acariciándole la polla con movimientos lentos y firmes mientras le hacía preguntas.

— Dime una cosa… ¿te había gustado mi bikini?

Él tragó saliva y gimió bajito.

— Sí… mucho… se te marca todo… el culo se te ve increíble… cuando te agachaste antes… joder… casi me corro solo de verte.

Sonreí y le apreté un poco más la polla.

— ¿Desde cuándo te fijas en mí así?

Él suspiró, casi con la voz rota.

— Desde que cumpliste dieciocho…te crecieron las tetas… empecé a mirarte diferente… a imaginarme cosas…

— ¿Me has espiado alguna vez?

Él gimió más fuerte y cerró los ojos un segundo, como si le diera vergüenza pero no pudiera evitar contarlo.

— Sí… varias veces… cuando te duchabas… cuando te cambiabas… me quedaba mirando… la primera vez que te vi desnuda pensé que no se me iba a bajar nunca… me hice tres pajas seguidas y aun así seguía duro…

Le aceleré un poco la mano y le susurré más cerca del oído.

— ¿Y te masturbaste pensando en mí?

Esta vez su voz salió entrecortada, casi como si estuviera a punto de llorar de placer.

— Muchas veces… muchísimas… me corrí pensando en tu culo… en cómo te queda el bikini… en follarte… joder… me corrí más fuerte que nunca viéndote…

— ¿Pensabas en mi culo? ¿En mi coño?

— Sí… —gimió, casi temblando—. Pensaba en cómo se te marca… en cómo sería metértela… en comerte el coño… todas las noches antes de dormir pienso en ti… me hago una paja pensando en follarte…

— ¿Te gustaría follarme?

— Sí… mucho… —contestó con la voz entrecortada.

— ¿Y metérmela por el culo? ¿También te gustaría?

Él soltó un gemido largo y casi lastimero.

— Sí… también… me encantaría… joder… me encantaría abrirte el culo…

Le seguí masturbando despacio, casi con ternura, mientras le hacía más preguntas.

— ¿Y qué más? ¿Te corrías pensando en mí? ¿Te imaginabas que te la chupaba? ¿Que te montaba?

Él casi sollozó de placer.

— Sí… todo eso… me corrí muchas veces pensando en ti… imaginando que me la chupabas… que te montabas encima… que me corria dentro…

— Pobrecito alfiler… tan delgadito y con tantas ganas de follar a su prima.

Seguí moviendo la mano un poco más lento, provocándolo.

— Dime la verdad… ¿te gustaría follarme el culo?

— Sí… —gimió, casi llorando—. Mucho…

Le apreté un poco más la polla y le susurré muy bajito:

— Pues es una pena… porque por el culo todavía no ha entrado nadie.

Él soltó un gemido roto y casi suplicó:

— Joder… es una pena… es el mejor culo que he visto nunca… me encantaría tocarlo… apretarlo… abrirlo… por favor…

— ¿Tan bueno te parece? ¿Te pondrías a babear solo de tocarlo?

— Sí… —suspiró con la voz temblorosa—. Me encantaría tocarlo… es perfecto… redondo… firme… joder, es el mejor culo del mundo…

— Qué pena entonces… porque de momento no vas a poder ni tocarlo ni metérmela. Solo puedes soñar con él mientras te corres en mi mano.

Seguí masturbándole más rápido. Él empezó a tensarse y a respirar más agitado. Intentó apartar mi mano suavemente.

— Espera… Nora… me voy a correr… para un segundo…

Yo seguí moviendo la mano sin hacerle caso y le hablé más bajito, más sucio, pegada a su oído:

— No. No te voy a parar. Quiero que te corras en mi mano. Imagínate… tu prima con este culazo virgen por detrás y tú sin poder tocarlo. Qué pena, ¿verdad? Vas a tener que conformarte con corrértete en la mano de tu prima como un guarro.

Él gimió más fuerte y volvió a intentar apartarme la mano.

— Joder… para… me voy a correr… de verdad…

Yo aceleré más y seguí susurrándole guarradas:

— Correte entonces. Suéltalo todo en mi mano. Imagínate que te la estoy chupando… que te estoy montando… que te estoy dejando corrértete dentro de mi coño. Pero no. Hoy solo te dejo corrértete en mi mano como un desesperado. Anda, suéltalo… córrete para mí, alfiler.

Él empezó a temblar de verdad. Intentó abrazarme para que parara, pero yo seguí masturbándole sin piedad.

— Joder… Nora… me corro… me corro…

Seguí moviéndole la mano rápido y firme mientras le hablaba al oído:

— Eso es… córrete. Córrete en la mano de tu prima. Suéltalo todo… buen chico…

Él se corrió con fuerza, casi sollozando contra mi cuello. Sentí cómo le salían chorros calientes y abundantes en mi mano mientras él temblaba entero y gemía bajito, casi llorando de placer. Le seguí moviendo la mano despacio, exprimiéndole hasta la última gota.

Nos duchamos juntos en la ducha exterior. Cuando terminé de enjabonarme le mostré la mano, todavía llena de su semen espeso y blanco, y me la llevé a la boca delante de él. Lo probé despacio, mirándolo a los ojos.

— Buenas noches, alfiler —le dije al final, ya vestida y con la toalla al hombro—. Que sueñes con mis pechitos.

El relato

¿Te ha inspirado algo? ¿Quieres contarme qué te ha parecido?

Escríbeme →

¿Quieres saber cuándo publico algo nuevo?

Un aviso discreto a tu correo, nada más. Sin spam, date de baja cuando quieras.

Ver imágenes