Hoy ha sido de esos días en los que el gym sabe a miel y a pecado dulce al mismo tiempo.
Llegamos juntas, Sofi y yo, ya con esa complicidad que nos hace sonreír solo de mirarnos. Yo me puse el conjunto blanco ajustadito y ella el verde lima que le queda tan rico. Desde el primer momento supe que iba a ser un día especial. Me encanta ir al gym con mi Sofi… porque cuando vamos las dos, los hombres no saben dónde mirar.
Empezamos en la cinta. Corriendo una al lado de la otra, el sudor empezando a bajar por nuestros cuellos y a empapar las telas. Cada vez que aceleraba, sentía cómo mi top blanco se iba poniendo más y más transparente. Se me marcaban los pezones rosados contra la tela fina y yo lo sabía. Me gusta provocar. Me excita sentir los ojos de los tíos clavados en mí, en mi culo que se mueve con cada zancada, en mis tetas que rebotan suavecito. Y cuando voy con Sofi, las miradas se duplican… eso me pone todavía más cachonda. Me siento tan orgullosa de este cuerpo que me he trabajado, de lo firme que tengo todo, de lo redondito y trabajado que tengo el culo. Me encanta hacer culo. Me encanta saber que la gente se gira cuando paso.
Después fuimos a las sentadillas. Y ahí estaba él… el monitor negro. Alto, moreno oscuro, músculos brillantes de sudor, brazos gruesos y esa voz grave que me hace temblar las rodillas. Se puso detrás de mí para corregirme, sus manos grandes en mis caderas, bajándome más despacio: “espalda recta, preciosa… arquea un poquito más”. Yo lo hice. Saqué el culo hacia atrás, rozándolo casi, y lo miré por encima del hombro con una sonrisita traviesa. Vi cómo se le oscurecían los ojos. Me puso tanto sentirlo tan cerca, notar la fuerza de sus manos, imaginar lo que estaría pensando mientras me miraba el culo. Me encanta provocarlo.
Pero lo que más me marcó fue el press de banca. Me acerqué a un chico muy fuerte que estaba haciendo series pesadas. Yo me ofrecí a spotearlo. Iba sudada, el top blanco completamente transparente… se me veían los pezones duros y él no podía apartar la mirada. Mientras empujaba la barra con cara de esfuerzo, vi cómo se le ponía dura bajo el pantalón negro. Me encantó. Me gusta provocar, me excita saber que los hombres se ponen así por mí. Me incliné sobre él para ayudarle, tan cerca que casi rozábamos, y disimuladamente dejé que mis dedos rozaran esa protuberancia caliente… solo un roce suave, sutil, como si fuera casual. Él gimió más fuerte. No era solo del peso. Lo miré a los ojos y le sonreí con dulzura mientras le decía bajito: “vamos, una más… así de fuerte”. Sentí cómo se le ponía todavía más dura bajo mis dedos. Me sentí poderosa, traviesa y tan excitada…
Sofi estaba cerca y nos miramos con complicidad. Ella también sudaba, su piel morena brillando, y yo ya estaba pensando en la ducha. Me encanta verla desnuda. Sus tetas son mucho más grandes que las mías, pesadas, redondas, perfectas. Me vuelve loca imaginar cómo le caerá el agua por el escote.
Al final nos fuimos las dos solas a la ducha. El agua caliente cayendo sobre nuestros cuerpos cansados. Sofi se giró hacia mí y ahí estaban… sus tetas grandes y preciosas, mojadas, brillando. No pude resistirme. Las tomé con las dos manos, suaves y pesadas, y le susurré: “me encanta verte desnuda, Sofi… tus tetas son muchísimo más grandes que las mías y me vuelven loca”. Ella se rio bajito, tímida y coqueta, y me dejó que las acariciara, que pasara los pulgares por sus pezones duros. Nos enjabonamos mutuamente, las manos resbalando por la cintura, por el culo, entre las piernas. Nos besamos bajo el agua, suave al principio, luego más profundo. Dedos explorando, risitas, gemiditos ahogados contra la boca de la otra. Fue tan tierno y tan sucio… tan nuestro.
Me encanta provocar, me encanta que me miren… y sobre todo me encanta acabar el día así, desnuda y mojada con mi Sofi.
Salimos del gym con las piernas temblando, la piel todavía caliente y una sonrisa tonta en la cara. Ya estoy pensando en el próximo día de gym… o en ese “puta por un día” que tenemos pendiente. Porque hoy he sido una buena chica… pero mañana quién sabe lo traviesa que me pondré.