sweet imagine

Un espacio para adultos

Este sitio contiene material sensual destinado únicamente a mayores de 18 años. Las imágenes están generadas con inteligencia artificial y los relatos son ficción escrita por el autor. Para continuar, confirma tu edad y tu consentimiento.

Imágenes generadas con IA · Relatos de ficción escritos por el autor · Verificación básica de edad · Tu elección se recuerda en este navegador.

Relato 04

Fotos de Martina

7 Agosto 2026 34 fotos 2 vídeos

A Martina se la mira dos veces: una por lo princesa que parece y otra porque, debajo de esa elegancia de seda, late un deseo que no tiene por qué esconderse para seguir siendo ella.

Es alta, rubia y elegante de una forma que no parece aprendida, sino antigua, como si hubiera crecido entre mesas bonitas, copas finas y personas que hablan bajito. Viene de una familia muy rica y eso se nota en detalles pequeños: en cómo coloca las manos, en cómo se recoge el pelo sin mirarse al espejo, en la serenidad con la que atraviesa una habitación. Es la menos abierta de las cuatro, la más comedida, la que todavía se muerde el labio antes de decir lo que quiere. Pero yo cada día estoy más segura de una cosa: Martina no necesita renunciar a ser una dama para disfrutar del sexo. Puede ser dulce en la calle y una puta deliciosa en la cama. Las dos cosas a la vez. Sin culpa y sin pedir perdón.

Una mujer puede llevar perlas en la espalda y, dos horas después, mojarse sin vergüenza pidiendo más despacio, más abajo, más rato.

En una de las fotos está tumbada en la cubierta de un barco, con un bikini oscuro de lunares y el mar detrás. La luz le dibuja la espalda, la curva tranquila de la cintura y la piel dorada de esas piernas largas que parecen no terminar nunca. Está mirando por encima del hombro, como si alguien la hubiera llamado justo cuando iba a quedarse dormida al sol. Hay algo inocente en esa imagen y, al mismo tiempo, algo muy carnal. Martina tiene el cuerpo de una princesa moderna: alto, limpio, elegante. Un cuerpo hecho para vestidos de satén… y también para que se lo recorran con la boca, para que le bajen el bikini con calma y le llenen la piel de besos salados. Le gusta que la deseen así. Le gusta sentir que alguien la mira como si quisiera comérsela despacio, sin estropear su delicadeza, sino usándola justo para encenderla más.

Luego está la foto del vestido blanco, con las perlas cayéndole por la espalda desnuda. Esa me deja mirándola demasiado tiempo. No porque enseñe mucho, sino porque insinúa justo lo suficiente. La tela se ajusta a su figura y las perlas hacen que todo parezca todavía más refinado: el cuello, los hombros, el hueco de la espalda. Imagino ese collar cayendo sobre una mesita de noche y a Martina, la misma que saluda con educación en una cena familiar, abriendo las piernas entre sábanas caras, con la voz bajita y la respiración entrecortada. Sabe posar, aunque jure que no. Sabe cuándo bajar la mirada, cuándo sonreír apenas, cuándo girarse para que la luz la encuentre. Y cuando termina una foto vuelve a ser ella: se tapa un poco con los brazos, se ríe por cualquier tontería y pregunta si ha salido rara. Esa mezcla me vuelve loca. Esa capacidad de ser impecable por fuera y estar hirviendo por dentro.

Tiene novia y la quiere. Eso se ve en las fotos más sencillas, en la sonrisa tranquila de cuando se siente acompañada, en la forma de descansar sin estar pendiente de parecer perfecta. Con ella el sexo es íntimo, cariñoso, de luces bajas y manos suaves. Martina se acurruca, besa despacio, se deja tocar con esa elegancia que no se le va ni cuando gime. Le gusta el contacto pecho con pecho, los muslos entrelazados, que la miren a los ojos mientras se corre. Le gusta acabar abrazada, con la cara escondida y el cuerpo todavía temblando. Eso también es ser puta, aunque a ella le cueste llamarlo así: entregarse de verdad, mojarse sin disimulo, pedir con la mirada lo que aún no siempre pide con la boca.

Porque sí, todavía le cuesta. Es la menos desinhibida del grupo y a veces se nota su frustración, esa envidia dulce con la que nos mira a Sofía, a Ingrid y a mí cuando hablamos sin filtro. Disfruta oyéndonos. Se le encienden las mejillas. Se le humedece la boca. Y yo sé que en esa envidia no hay maldad: hay ganas. Ganas de soltarse más. Ganas de ser princesa a la luz del día y una indeseable preciosa cuando cierran la puerta. No tiene que copiar a nadie. No tiene que hacer lo que hacemos nosotras. Pero sí merece entender que su clase no se rompe por tener hambre.

Hay cosas que apenas practica y está bien. El sexo oral casi no forma parte de su cama: ni darlo ni recibirlo con calma total. Le da vergüenza la postura, el sonido, la sensación de verse demasiado expuesta. A veces lo intenta un momento y se retira riendo, suave, como pidiendo tiempo. Y de anal, nada. Ni prueba ni presión. Esa puerta está cerrada y punto. Tampoco le va lo brusco, ni que le tiren del pelo con fuerza, ni que le hablen sucio de golpe como si quisieran borrar quién es. Martina no necesita que la traten mal para calentarse. Necesita que la traten rico. Que la respeten y, al mismo tiempo, se la coman con devoción.

Puede decir que no al oral si no le apetece, cerrar el anal sin culpas… y aun así ser una puta elegante cuando le tocan justo como le gusta.

Porque lo que sí le gusta es bastante claro. Que la desnuden con paciencia. Que le besen el cuello hasta ponérselo imposible. Que le acaricien los pechos con los labios y le rocen el pezón hasta dejarlo duro. Que le bajen la ropa interior despacio y le metan los dedos solo cuando ya esté empapada. Le encanta el roce de coño contra muslo, contra la mano, contra otro coño. Le encanta el sexo cara a cara, el gemido contenido, la forma de agarrarse a la espalda de su novia cuando va a correrme… cuando va a correrse, perdón, con esa mezcla de vergüenza y placer que se le ve hasta en las fotos más inocentes. Martina se corre como se mueve por la vida: con clase. Pero se corre. Y cada vez que lo hace, demuele un poco esa idea absurda de que una chica fina no debería querer tanto.

Yo la entiendo mejor de lo que cree. Sé que a veces se frustra por no ser tan deshinibida como nosotras. Sé que nos mira reír, contar locuras, hablar de lenguas, de dedos, de orgasmos a mitad de la tarde, y siente un cosquilleo de envidia que le baja por la barriga. Pero también sé que no tiene que volverse otra persona. No tiene que dejar de ser la hija impecable, la rubia alta de familia rica, la novia dulce, la amiga elegante. Puede seguir siendo todo eso… y además abrir las piernas con ganas. Puede llevar vestidos blancos y perlas, y esa misma noche pedir que la toquen hasta dejarla temblando. Puede sonreír con educación en un salón y, en la intimidad, empujar la cadera hacia la mano que la está haciendo perder la compostura.

La foto que más me enternece es la de la ventana. Tiene el pelo húmedo, una camisa clara cayéndole por un hombro y una expresión tan tranquila que casi parece otra persona. No está en un yate ni bajo una lámpara bonita. No lleva perlas ni satén. Solo está ella: alta, preciosa, real. La Martina que no necesita disfrazarse de santa para merecer respeto ni disfrazarse de otra para merecer placer. Me parece la versión más honesta de todas. Una princesa con la piel fresca del agua y un secreto caliente entre los muslos. Una dama que también quiere que la deshagan.

Cuando la veo moverse con esa elegancia que hace parecer fácil cualquier cosa, siento admiración. Y ganas de susurrarle la verdad más simple del mundo: que ser fina no la obliga a estar fría. Que puede ser una dama en la calle y una puta en la cama. Que eso no la mancha. Que eso la hace completa.

Y ojalá un día deje de elegir entre delicadeza e intensidad.

Puede ser las dos cosas.
Puede llevar perlas en la espalda, sal en el pelo y el coño latiéndole de ganas.
Puede decir que no a lo que no quiere, y decir que sí, muy alto o muy bajito, a todo lo que sí.
Y puede seguir siendo Martina: la más elegante de todas, incluso cuando por fin se abre, se moja y deja que el placer le desordene el pelo, la voz y las buenas maneras.

El relato

¿Te ha inspirado algo? ¿Quieres contarme qué te ha parecido?

Escríbeme →

¿Quieres saber cuándo publico algo nuevo?

Un aviso discreto a tu correo, nada más. Sin spam, date de baja cuando quieras.

Ver imágenes