Mientras casi todos los chicos que conozco están pegados a la pantalla viendo el mundial, yo estoy aquí, en mi habitación, con la luz suave y la música bajita, probándome lencería y sonriendo para mí sola.
Me encanta este ritual secreto cuando sé que ellos están gritando goles y discutiendo jugadas. Hoy empecé con el body negro transparente que se ajusta como una segunda piel casi invisible. La tela es tan fina que siento cómo el aire me roza los pezones y baja suave por mi barriga. Me puse frente al espejo y giré despacio, viendo cómo mis curvas se dibujan debajo, cómo mis caderas y mis muslos quedan marcados con esa mezcla de delicadeza y fuerza que tanto me gusta. Pasé las manos por mi cintura y bajé hasta donde la tela termina, y me sentí bonita, deseada por mí misma.
Luego me cambié al de encaje burdeos, el que tiene flores bordadas que rozan mis pechos cuando respiro hondo. La falda corta se mueve con cada paso y la puntilla me hace una caricia ligera en los muslos. Me senté en la cama, me incliné un poco hacia delante y me miré por encima del hombro: la espalda queda casi desnuda y elegante. Sonreí porque me sentí femenina de verdad, como si cada puntada estuviera recordándome lo suave y lo fuerte que puedo ser al mismo tiempo.
Más tarde me probé el negro con las aberturas grandes en los costados y debajo del pecho. Este es más atrevido, deja ver mi piel y me hace sentir libre. Cuando me lo puse y me giré, vi cómo mi espalda queda expuesta de una forma bonita. Me tumbé un rato en la cama, apoyada en un codo, y me acaricié el estómago por encima de la tela, sintiendo cómo mi propio toque me calmaba y me daba una calidez rica en la barriga. También me puse el azul con las ligas y las medias negras. Sentir las tiras subiendo por mis piernas y sujetándose en los muslos me hizo sentir elegante y un poco clásica. Me arrodillé en la cama para ajustarme una liga y me di cuenta de lo bien que me quedaban mis curvas. Me reí bajito, sola en mi cuarto, porque me gustaba mucho lo que veía.
En otro momento me quedé casi sin ropa, solo con las bragas de encaje negro y las manos cubriéndome los pechos. Me giré para verme la espalda en el espejo y me encantó la curva suave de mi columna y lo bonito que se ve mi piel. Me sentí vulnerable y poderosa a la vez, y eso me gustó tanto que me quedé un rato así, mirándome con cariño. Probé también el de leopardo, con ese contraste entre lo salvaje del estampado y lo delicado del encaje. Me hizo sentir un poco fiera pero muy femenina. Y el blanco de encaje frente al espejo grande, con la luz de la lámpara detrás, me hizo sentir pura y provocadora al mismo tiempo. Los bodies con recortes me recordaron que me gusta jugar con lo que se ve y lo que se oculta, con lo que muestro y lo que guardo para mí.
A veces, cuando me siento tan guapa y segura de mí misma, me entra una travesura dulce. Sé que varios de ellos están ahora mismo viendo el partido con sus amigos, todos concentrados en la pantalla. Hoy les mandé dos fotitos, solo dos. Una con el body transparente y otra con el encaje burdeos. Me imagino cómo les vibra el móvil, cómo se les ilumina la cara un segundo y luego tienen que disimular rápido, girar el teléfono hacia abajo o esconderlo para que sus amigos no vean nada. Me divierte pensar en cómo les cuesta volver a concentrarse en el gol, cómo se les queda la imagen de mí un ratito en la cabeza mientras fingen que solo están viendo fútbol. No lo hago con maldad, sino porque me hace sentir viva y un poco poderosa de una forma juguetona y cariñosa. Me gusta saber que, aunque ellos están en su mundo, yo puedo colarme un momentito y hacerles sonreír por dentro sin que nadie se entere.
Pero lo que más me llena el corazón es lo que siento por mí misma. Cada vez que me cambio de conjunto, cada vez que me toco la tela y miro cómo cae sobre mi cuerpo, estoy eligiéndome. Me estoy diciendo que me gusta cómo soy, que mis pechos, mi cintura, mis muslos y mi piel merecen ser acariciados con telas bonitas y con mis propias manos. No necesito que nadie me lo diga. Hoy el mundial es de ellos, pero mi pequeño festival de sentirme mujer, sexy y querida por mí misma, lo estoy celebrando a mi manera, con calma, con dulzura y con una sonrisa que solo yo entiendo del todo.
Y en ese instante, con la luz baja y la lencería acariciándome, supe que lo más importante era seguir eligiéndome a mí, cada día, con todo el cariño del mundo.