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Relato 05

Los bikinis de Sofía

3 de julio de 2026 20 fotos 1 vídeos

Hoy he pasado la tarde mirando las fotos de la última sesión de Sofía en la playa y todavía tengo las bragas un poco mojadas solo de pensarlo.

Cuando abrí la carpeta que me mandó, con todas esas imágenes de mi amiga posando en bikini para la nueva colección, me quedé sin respiración. Sofía tiene un cuerpazo que quita el sentido: tetas perfectas, culo redondo y prieto, piel bronceada brillando con el sol de la tarde y esos ojos verdes que miran a cámara como si te estuvieran follando despacito. Aunque yo soy completamente hetero, confieso que me cuesta no tocarme cuando la veo así de espectacular. Es imposible no imaginar cómo se sentiría pasar la lengua por esa piel salada y caliente.

La sesión empezó siendo algo normal, solo bikinis bonitos. Pero ya sabemos cómo van estas cosas… si todo sale bien, al final siempre llega la oferta de más dinero. Mucho más dinero. Por una sesión extra. Desnuda. Y después con un modelo.

El chico que trajeron era una puta pasada. Moreno, alto, cuerpo duro, con esos calzoncillos Calvin Klein que le marcaban la polla perfectamente. Cuando vi las fotos en las que aparece con Sofía, no pude evitar meterme la mano por dentro de las bragas. Si yo hubiera estado ahí en vez de ver las imágenes desde mi casa, le habría hecho de todo a ese chico. Le habría bajado los calzoncillos con los dientes, le habría chupado la polla hasta metérmela hasta el fondo de la garganta, babeando como una puta en celo, y después me habría puesto a cuatro patas en la arena caliente para que me follara por detrás mientras me agarraba del pelo y me decía guarradas al oído. Me habría corrido gritando y luego le habría pedido que se corriera en mi cara o dentro de mí, lo que él quisiera. Soy una guarra sin remedio cuando veo un cuerpo así.

Ingrid y yo somos unas auténticas guarras cuando hay modelos buenos y lo asumimos sin vergüenza. Nos encanta follarlos después de las sesiones. A mí me pone muchísimo arrodillarme frente a ellos y dejar que me usen la boca hasta que se corren en mi lengua o me llenan la cara. Me gusta que me follen contra una roca, con la arena pegada a las tetas y el sonido del mar tapando mis gemidos. Ingrid es aún peor: le vuelve loca que la aten, que le den fuerte, que la dejen temblando y suplicando. Siempre nos reímos después y decimos que es nuestro pequeño bonus del trabajo. Pero Sofía siempre nos critica, nos dice que somos unas poco profesionales, que hay que separar las cosas, que ella nunca se mete con los modelos.

Sin embargo… hoy, mientras iba pasando las fotos y llegaba al vídeo, me he dado cuenta de que esta vez mi amiga la seria se le fue completamente de las manos. Se nota en todo. En la forma en que lo mira, en cómo se deja tocar el pelo, en esa pose de rodillas en la arena con las manos de él sujetándole la cabeza… eso ya no es solo posar. Eso es deseo puro. De verdad. Mi Sofía, la que siempre nos dice que nunca cruza la línea, parece que por fin se rindió. Y la verdad es que me pone muchísimo verla así de perdida, con la boca entreabierta y los ojos vidriosos mientras él la tiene agarrada.

He visto el vídeo varias veces ya. No puedo evitarlo. Cada vez que ella se arrodilla y él le pone las manos en la cabeza, siento cómo se me aprieta el coño. ¿Será que por fin se permitió disfrutar de verdad? ¿Será que esos ojos verdes se le pusieron tan calientes que ya no pudo seguir fingiendo?

Cierro la carpeta, pero las imágenes se me quedan dentro. Sofía desnuda sobre la arena, Sofía mirándolo a él como si quisiera comérselo entero, Sofía de rodillas con esa cara de sumisa que nunca le había visto… Mi amiga la profesional. Mi amiga la que siempre dice que no. Hoy, por primera vez, parece que sí se dejó llevar.

Y yo aquí, en mi cama, con las piernas abiertas y los dedos ya metidos dentro de las bragas, pensando en lo preciosa que está mi amiga cuando por fin se olvida de ser perfecta.

¿Quieres que te cuente más historias de Sofía? Tiene muchas… y algunas están aún más calientes que esta. Si te apetece saberlas, solo dímelo.

El relato

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