Hoy fui a Calblanque con Mateo. Sabía perfectamente lo que él esperaba cuando le propuse ir juntos.
Mateo lleva tiempo mirándome de otra manera y cuando le conté que quería ir a la playa naturista y que necesitaba a alguien que me hiciera fotos, aceptó demasiado rápido. Yo ya sabía que se hacía ilusiones. Que pensaba que si me veía completamente desnuda todo el día, quizá al final pasaría algo más entre nosotros. Y la verdad es que me excitaba la idea de que él me fotografiara mientras yo estaba así de expuesta.
Llegamos temprano. Me puse el vestidito blanco transparente y el bikini mínimo debajo. Cuando nos sentamos en la toalla de rayas, me lo quité todo despacio, delante de él. Noté cómo se le quedaba la mirada clavada en mi culo. Ese culo redondo y firme que tanto he trabajado en el gimnasio. Me giré un poco para que pudiera fotografiarlo bien, arqueando la espalda, y sentí el aire directamente en mi coñito. Estaba completamente al aire. El sol y la brisa me tocaban ahí sin nada que los detuviera.
Mientras me daba crema, me tomé mi tiempo. Me masajeaba las nalgas con las dos manos, abriéndolas un poco. Sabía que Mateo estaba detrás de la cámara, callado, respirando más fuerte. En un momento mis dedos bajaron demasiado y rozaron mis labios. Estaba húmeda. No mucho, pero lo suficiente para que se notara un pequeño brillo si alguien se fijaba. Sentí un escalofrío de vergüenza rica. ¿Se vería desde donde estaba él? ¿Se daría cuenta de que me estaba poniendo cachonda solo por estar desnuda delante de su cámara? Apreté los muslos un segundo y seguí con la crema, más despacio, disfrutando de esa sensación prohibida.
Me tumbé de lado, apoyando la cabeza en una mano, y dejé que siguiera fotografiándome. En un momento abrí un poco más las piernas, como si fuera casual. El aire me rozó directamente el coñito y noté cómo se me humedecía un poquito más. Miré de reojo. Mateo tenía la polla marcada en el bañador. Estaba muy duro. Se acercó un poco más de la cuenta, como si fuera a tocarme, y entonces le miré a los ojos y le dije bajito y dulce:
—Solo fotos, Mateo.
Se quedó quieto. Asintió. Siguió disparando, pero ya no se acercó más. Yo me sentí un poco mala… pero también me gustó haberle puesto ese límite tan claro mientras estaba completamente desnuda y un poco mojada delante de él.
Me levanté y entré al agua. Nadé un rato, floté de espaldas y dejé que las olas me mecían. Cada vez que una ola me levantaba las caderas, sentía el agua acariciándome los labios directamente. Cuando salí chorreando y volví a la toalla, me tumbé boca abajo y seguí dejando que me fotografiara. En un momento giré un poco la cabeza y le sonreí. Vi cómo tragaba saliva. Me gustaba tenerlo así: excitado, obediente, sin atreverse a tocarme.
Más tarde saqué mi libro y empecé a leer tumbada de lado, con las piernas un poco flexionadas. El aire me tocaba otra vez en el coñito y noté que seguía húmeda. En un momento me moví y sentí un pequeño brillo traicionero entre mis muslos. Miré alrededor con disimulo. ¿Se notaría? ¿Se vería si alguien pasaba cerca? El corazón me dio un vuelco de excitación vergonzosa. Seguí leyendo, pero ya casi no podía concentrarme.
Cuando el sol empezó a bajar, me puse otra vez el vestidito transparente sin nada debajo. Quería que se fuera con las ganas. Quería que se masturbara esa noche pensando en todo lo que me había visto hacer.
Esta noche, ya en casa, me llegaron todas las fotos y los vídeos por WhatsApp. Me los puse a mirar en la cama, desnuda otra vez, con la luz de la pantalla iluminándome la cara. Estaban preciosas. Mi culo se veía perfecto, brillante de crema, redondo y firme. En algunas fotos se me veía el coñito un poco abierto, húmedo, brillando… Se notaba que estaba excitada. Se notaba que me había gustado que él me mirara y me fotografiara así.
Y entonces pensé en ti.
Pensé en enviarte algunas de estas fotos. No todas. Solo las más bonitas. Las que muestran cómo me queda el culo cuando estoy tumbada de lado, o cuando estoy de espaldas mirando al mar con las piernas un poco abiertas. Pensé en escribirte algo suave, como “hoy he estado en Calblanque… ¿quieres ver cómo me he puesto?”. Y que luego, cuando quedemos, pueda contarte en persona lo que realmente pasó. Que fui un poco mala con Mateo. Que le dejé que me fotografiara todo lo que quiso, que me dejó excitada y con el coñito brillando… pero que no le di nada más.
Porque quiero dártelo a ti.
Porque el que de verdad me pone cachonda eres tú.
Ya he seleccionado tres fotos. Las tengo preparadas. Solo falta que me atreva a enviártelas.
Mañana lo haré. Ya estoy pensando en volver pronto.