Hoy solo quería una factura. Una simple factura de aquella tienda de ropa para poder hacer la devolución y que no me cobraran de más. Cogí el móvil de papá mientras él estaba en la ducha, entré en su galería y busqué la carpeta de descargas. Nunca imaginé que lo que iba a encontrar cambiaría todo.
La carpeta se llamaba “las chicas”. Solo eso. Dos palabras. La abrí sin pensar y el corazón me dio un vuelco tan fuerte que casi se me cae el móvil. Ahí estaban todas. Fotos que papá les había hecho a mis amigas… y también a mí. Y de repente entendí que mi padre es un voyeur. Un puto voyeur que nos espía.
Vi primero a Ingrid. Esa amiga tan descarada, la que siempre va sin sujetador y se ríe de todo. En las fotos aparecía cambiándose, en la ducha, posando medio desnuda… como si papá la hubiera pillado sin que ella se diera cuenta. Solo la miraba. La espiaba. Me dio rabia pensar que mi padre se había tocado la polla viendo a mi amiga así, pero también me entró un calor raro entre las piernas.
Luego apareció Martina. La Martina tímida de siempre, la que nunca se cambia delante de nadie. Y ahí estaba ella en la ducha, el pelo mojado pegado a la espalda, gotitas resbalando por su piel, los pechos completamente al aire. Nunca la había visto desnuda. Nunca. Papá sí. La había espiado. La idea me revolvió algo dentro que no sé si era asco o morbo.
Después vinieron las mías y se me paró el mundo. Yo. Desnuda. Follando con un chico. En una de las fotos aparezco de espaldas, arqueada, mientras él me la mete por detrás. En otra estoy boca arriba, las piernas abiertas, la cara perdida de placer. Me acuerdo perfectamente de ese día. Me corrí tan fuerte que casi lloro. Me corrí gritando su nombre, con las uñas clavadas en su espalda, temblando entera. Y ahora papá tiene esas fotos. Papá me ha visto así. Desnuda, follada, corríendome como una perra. La vergüenza me quemaba las mejillas… pero mi coñito se puso tan caliente que tuve que apretar las piernas. ¿Se habrá tocado viéndome? ¿Se habrá corrido pensando en su hija siendo follada?
Pero lo que más me dejó sin respiración fueron las fotos de Sofía. Mi amiga tetona, la que tiene ese cuerpazo que vuelve loco a todo el mundo. Solita, completamente desnuda en la cama, en la ducha con el agua cayendo por sus curvas, topless a mi lado riendo… y luego con el chico. En la piscina, en el sofá, follada despacito, gimiendo. Pero las últimas fotos… las últimas casi me hacen mojarme solo de mirarlas. Sofía completamente desnuda, mirando directo a la cámara, una mano entre las piernas, tocándose para papá como si le estuviera diciendo “mírame, córrete por mí”. Aquí ya no es solo espiar. Aquí hay algo más. ¿Sofía lo sabe? ¿Se lo manda ella a propósito? ¿Es su jueguecito secreto los dos? ¿Papá solo la mira o también se la folla? Esa duda me está volviendo loca.
Me senté en mi cama con el móvil temblando en la mano. No podía dejar de pasar las fotos. Cada vez que veía una nueva, mi otra mano bajaba más y más hasta que mis dedos encontraron mi coñito ya caliente y resbaladizo. Me acaricié suavecito, casi sin querer, mientras recordaba cómo me corrí aquel día con el chico… y ahora imaginando a papá solo en su habitación, la polla dura, vaciándose mirándonos a todas. Especialmente a mí. Especialmente follada. Me daba vergüenza. Me daba rabia. Y me ponía tanto que casi me corro solo de pensarlo.
¿Sofía lo sabe de verdad? ¿Le gusta que papá la mire así? ¿Y si algún día me dice algo? ¿Y si algún día me pide que me deje hacer fotos también? La idea me asusta… y me excita de una forma que no entiendo. Esta noche no voy a poder dormir. La carpeta “las chicas” se ha quedado guardada en mi cabeza y sé que mañana volveré a abrir el móvil de papá cuando él no esté. Solo para mirar otra vez. Solo para tocarme otra vez. Solo para sentir ese morbo dulce y prohibido que no debería existir… pero que ya no puedo quitarme de encima.